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El mundo y el cuerpo

19 agosto, 2021    /    Larousse Educación

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Una mirada a los talibanes en Afganistán

¿Talibanes? ¿Intervención? ¿Medio Oriente? Entérate de lo que está pasando en este momento.

Una mirada a los talibanes en Afganistán

Miles de habitantes de Afganistán tratan de forma desesperada de huir de ese lugar. ¿La razón? El anuncio del presidente Joe Biden sobre la retirada de tropas estadounidenses. Los talibanes prácticamente han tomado control del territorio nuevamente en pocas semanas después de veinte años de ocupación estadounidense. Así es como ponen en riesgo los derechos humanos de los habitantes de dicho país.

Los talibanes surgieron al finalizar la guerra entre Afganistán y la Unión Soviética en 1992. Son un grupo político fundamentalista del islam, principalmente de la corriente más rígida, y que buscan instaurar un emirato (es decir, una monarquía característica de Medio Oriente). Su nombre tiene origen en el idioma pashtún, hablado por una etnia afgana que habita en el sureste de Afganistán y parte de Pakistán, donde el islam es profesado. El significado de su nombre es: talib, que significa “estudiante” en el sentido religioso o “seminarista”.

Un conflicto que perdura

Al concluir la guerra entre los muyahidines afganos (una facción religiosa armada) y la Unión Soviética, Afganistán quedó dividida y fragmentada bajo el control de varios señores de guerra, implementando su propia ley. Se dice que Mohammad Omar –campesino que más tarde se convirtió en emir de Afganistán– dirigió a un grupo de aproximadamente treinta hombres para liberar a dos mujeres capturadas por guerrilleros. Ahí comenzó a reclutar estudiantes de escuelas del Corán y de campos de refugiados en la frontera con Pakistán. El movimiento tomó relevancia y rápidamente pudieron tomar la provincia de Kandahar. En 1996 los talibanes tomaron la capital, Kabul, y al año siguiente Omar se proclamó emir.

Los orígenes: Afganistán y la URSS

La guerra afgano-soviética de 1978 tiene su origen en la revolución de abril de 1978 en Afganistán, dirigida por el partido comunista afgano (llamado Partido Democrático Popular de Afganistán), después del asesinato de uno de sus miembros en prisión. Tras haber derrocado al anterior presidente, Mohammad Daud Khan, sube al poder Nur Muhammad Taraki, fundador del partido comunista afgano. Posteriormente, éste fue traicionado por uno de los miembros del partido, Hafizullah Amín, quien mandó arrestar a Taraki, quedando como presidente. Sin embargo, el acercamiento de éste provocó incomodidad en la Unión Soviética por su acercamiento a Estados Unidos y Pakistán; de esta manera, Amín fue asesinado por fuerzas especiales que entraron al día siguiente a territorio afgano fuerzas armadas soviéticas.

La resistencia formada por diferentes etnias dentro de Afganistán da origen a los muyahidin. Éstos fueron financiados por Estados Unidos, Reino Unido y Arabia Saudita para combatir y desestabilizar el gobierno comunista afgano propiciado por la URSS. Esta situación se convirtió en una situación ríspida para los soviéticos, adiestrados por la CIA y exportando muyahidin a Afganistán, como Osama Bin Laden, un “Vietnam” para los primeros. No fue sino hasta 1989 que comenzó el retiro de las tropas; sin embargo, el gobierno comunista en Afganistán duro hasta 1992, depuesto por la resistencia muyahidin.

¿Podrá haber paz un día?

Los talibanes no aparecieron en la mira de los Estados Unidos hasta que Al-Qaeda, grupo terrorista dirigido por Osama Bin Laden, aprovechó las facilidades del gobierno de los primeros instaurado en Afganistán para operar desde ahí y “luchar” contra Occidente. ¿Por qué luchaban? Por un neofundamentalismo, es decir, para imponer la ley islámica, la Sharia; para ejercer la violencia sin hacer algún reclamo de lo que le fue despojado; y para rechazar todo elemento no perteneciente al islam o aportes ajenos a la religión.

El problema de 2001: las Torres gemelas

Los ataques al Centro Mundial de Comercio, conocidas como las “Torres Gemelas”, en la ciudad de Nueva York, y el Pentágono, en Washington D.C., significó la segunda transgresión más grande sucedida en territorio estadounidense. El país norteamericano declaró de inmediato la guerra a los terroristas de Al-Qaeda, quienes precisamente estaban en territorio afgano, bajo el cobijo de los talibanes.

El 7 de octubre de 2001 se inicia la operación Libertad Duradera en Afganistán para inutilizar las operaciones de Al-Qaeda y capturar a sus líderes, especialmente a Osama Bin Laden, y sacar a los talibanes de Afganistán y establecer un gobierno “democrático”. Después de diez años de operaciones en Afganistán, el 2 de mayo de 2011 en Pakistán, los SEALs (la marina estadounidense) asesinaron a Osama en la operación Lanza de Neptuno. Sin embargo, la ocupación norteamericana continuó hasta apenas unos días (agosto de 2021) dado que las hostilidades continuaban.

Un conflicto que perdura

La porosidad de la frontera pakistaní, el arraigo del fundamentalismo islámico, la disconformidad de muchos pobladores con la invasión e imposición de los norteamericanos, permitieron que los talibanes regresaran a Afganistán, solamente se mantuvieron ocultos hasta que se retiraron las tropas estadounidenses. A la frágil estabilidad sostenida por estas últimas, veinte años de ocupación fueron devueltos al tiempo.

La capital ha sido tomada ya por los talibanes, las personas temen por la pérdida de los pocos derechos que obtuvieron, derechos que incluso antes ya tenían pero que la inestabilidad de la región (aunado al estira y afloja de las potencias occidentales) ha permitido la dominación del fundamentalismo islámico. No es descabellado pensar que pueda volver el antiguo estado islámico, pero en estos momentos no es posible dada la inexistencia de una homogeneidad de las etnias que confluyen en cada movimiento, más sus diferencias visiblemente marcadas.

En espera de un mundo más tranquilo.

El surgimiento de un movimiento antagónico es posible; sin embargo, el poderío militar y su experiencia en el gobierno, puede sofocar cualquier intento de insurrección. Solamente hay que aguardar un poco y ver cómo se comportan las piezas en el tablero del ajedrez geopolítico para dilucidar lo que sucederá con (como en los créditos de Rambo III) el valiente pueblo afgano.

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